CITA ESTE TRABAJO
Tinahones Garrido J, Gómez Torres KM, de la Cuesta Fernández I, Viñolo Ubiña C. Disfagia lusoria: cuando el diagnóstico se esconde en la anatomía. RAPD 2025;48(5):212-214. DOI: 10.37352/2025485.3
Introducción
Presentamos el caso de una mujer de 53 años que es diagnosticada de una anomalía de origen congénito que juega un papel importante en el diagnóstico diferencial de la disfagia especialmente en pacientes jóvenes sin enfermedades preexistentes ni factores de riesgo evidentes para otras patologías esofágicas.
Caso clínico
Mujer de 53 años sin antecedentes médicos de interés, que es derivada desde Atención Primaria por disfagia de larga evolución, inicialmente a sólidos pero que ya ha progresado también a líquidos y que se acompaña de vómitos ocasionales y sensación de nudo. Ante la normalidad de resultados analíticos y la nula respuesta a tratamiento con inhibidores de la bomba de protones (IBPs), se solicita endoscopia digestiva alta que revela una impronta posterior a la altura de T3 sugerente de arteria subclavia derecha aberrante retroesofágica. Tras estos resultados, se solicita seriada esofagogastroduodenal en donde se visualiza la impronta por compresión extrínseca en la cara posterior del esófago (Figura 1) y un angioTAC (Figuras 2 y 3), que confirma la presencia de esta arteria aberrante congénita, con origen en arco aórtico, distal a la subclavia izquierda y trayecto restroesofágico, responsable de la disfagia que presenta. Con todo ello, la paciente es remitida a cirugía vascular y se programa para bypass arterial, pendiente de valoración de la técnica, con o sin oclusión endovascular.
Figura 1
Seriada esofagogastroduodenal en donde se visualiza la impronta por compresión extrínseca en la cara posterior del esófago (flecha roja).
Discusión
La disfagia esofágica puede originarse por diversas causas, incluyendo trastornos de la motilidad, enfermedades inflamatorias y enfermedades mecánicas. Entre las causas más comunes se encuentran el reflujo gastroesofágico, la esofagitis eosinofílica, la ingesta de cáusticos, la presencia de cuerpos extraños, la acalasia y las compresiones extrínsecas, incluidas las de origen vascular. Es importante considerar las causas vasculares en el diagnóstico diferencial de la disfagia, especialmente en pacientes jóvenes sin enfermedades preexistentes ni factores de riesgo evidentes para otras patologías esofágicas.
La prevalencia de la anomalía de la arteria subclavia que causa la disfagia lusoria varía entre el 0,5 y el 1,8%, y es más común en el lado derecho. Esta condición se origina debido a la persistencia de la séptima arteria intersegmentaria derecha y a una involución anormal del cuarto arco aórtico durante el desarrollo embrionario. En el 80% de los casos, el recorrido del vaso es retroesofágico, en el 15% se sitúa entre la tráquea y el esófago, y en el 5% es pretraqueal.
La arteria subclavia aberrante a menudo se descubre de manera incidental durante pruebas de imagen realizadas por otros motivos, y suele ser asintomática. Sin embargo, puede tener un impacto significativo si causa síntomas provocando la compresión de estructuras vitales relacionadas con el trayecto anómalo del vaso (disfagia si comprime el esófago, dificultad respiratoria si comprime la tráquea o la arteria pulmonar e incluso síndrome de Horner si afecta al plexo simpático cervical). La edad promedio en la que comienzan a manifestarse estos síntomas es después de los 50 años, lo cual puede estar relacionado con la pérdida de flexibilidad del esófago debido al envejecimiento, el incremento en la compresión esofágica causada por la dilatación aneurismática progresiva de la arteria aberrante, o la rigidez provocada por la arteriosclerosis en la pared del vaso.
El manejo efectivo de esta condición requiere una evaluación precisa que incluya pruebas de imagen relevantes como TAC y RMN, consideradas el estándar de oro. Otras pruebas, como el esofagograma con bario y la endoscopia, siguen siendo fundamentales para orientar el diagnóstico inicial. Además, se necesita un enfoque terapéutico multidisciplinario y personalizado, en el que participan gastroenterólogos, radiólogos y cirujanos vasculares y que variará según la gravedad, desde cambios en la dieta hasta cirugía para ligar o reposicionar la arteria subclavia aberrante y así aliviar la compresión.




