CITA ESTE TRABAJO
Fernández Carrasco M, Plaza Fernández A, Navarro Moreno E, Anguita Montes F, Gálvez Miras A. De la ingesta de sosa caústica a la yeyunostomía de alimentación.RAPD 2024;47(5):204-206. DOI: 10.37352/2024474.5
Caso clínico
Presentamos el caso de un varón de 57 años, fumador, con antecedentes de hipertensión arterial, dislipemia y cardiopatía isquémica revascularizada, que ingresa por cuadro de dolor abdominal en mesogastrio que se intensifica tras la ingesta, de dos meses de evolución asociando anemia y pérdida de peso.
Se realiza endoscopia digestiva alta con hallazgos de úlceras lineales fibrinadas en antro apreciando tras la insuflación cambio en la coloración de la mucosa de cuerpo gástrico mostrando áreas blanquecinas sugerentes de zonas de hipoperfusión (Figura 1). Se completa estudio con angiografía por tomografía computarizada evidenciando evidenciando ateromatosos calcificada que condiciona estenosis severa en orígenes del tronco celíaco y arteria mesentérica superior (Figuras 2 y 3).
Figura 1
Imágenes en endoscopia digestiva alta de: cámara gástrica en insuflación máxima con mucosa de pliegues gástricos pálida (A) y úlceras lineales fibrinadas (B).
Figura 2
Angiotomografía computarizada en la que se muestra placa calcificada aórtica en la salida del tronco celiaco y de la arteria mesentérica superior.
El paciente es intervenido realizando recanalización de tronco celiaco e implante de stent en arteria mesentérica superior con resolución de la clínica que precipitó el ingreso.
Discusión
Debido a la rica circulación colateral proveniente de las ramas del tronco celiaco y la arteria mesentérica superior, la patología isquémica gástrica es poco frecuente. La etiología es en casi todos los casos ateroembólica[2], lo que ha provocado un aumento de su incidencia en las últimas décadas, debido al envejecimiento de la población y al auge de las enfermedades cardiovasculares.
Las manifestaciones clínicas pueden ocurrir de forma larvada en casos crónicos, en los que el dolor posprandial es el síntoma predominante, pudiéndose acompañar de anemia por sangrado digestivo y pérdida de peso por temor a la ingesta. Sin embargo, en los casos agudos de oclusión brusca de una de las ramas principales se condiciona una isquemia gástrica fulminante con pronóstico fatal a corto plazo y una alta mortalidad[1],[4].
El definitivo se lleva a cabo por técnicas de imagen específicas que visualicen el árbol vascular: angiotomografía computarizada, angiorresonancia o angiografía[1]. Las lesiones endoscópicas son muy inespecíficas, pudiendo ir desde áreas pálidas con lesiones petequiales, que dan a la mucosa un aspecto en piel de leopardo, hasta áreas de necrosis extensa[5].
El tratamiento, siempre que sea posible, es la revascularización precoz, preferiblemente por vía percutánea endovascular mediante angioplastia con colocación de stent para prevenir la reestenosis del mismo segmento[3].
Se trata por tanto de un caso, en el que se pone de manifiesto la importancia del diagnóstico diferencial del dolor abdominal, resultando fundamental la sospecha clínica de esta entidad en pacientes con clínica sugestiva y factores de riesgo cardiovasculares establecidos, ya que se ha demostrado que una revascularización precoz, mejora significativamente las tasas de supervivencia6.




