CITA ESTE TRABAJO
Heredia Carrasco C, López Tobaruela JM, Librero Jiménez M, Herrador Paredes M, García Montero MJ.Tumor de krukenberg con primario gástrico enmascarado por hiperemesis gravídica. RAPD Online. 2020;43(4):148-49.
Introducción
Dado que el diagnóstico de hiperemesis gravídica es clínico, consideramos de interés este caso para incidir en la importancia del diagnóstico diferencial y detectar aquellas pacientes que por sintomatología de alarma o datos analíticos, precisen exploraciones complementarias.
Descripción
Mujer de 35 años con vómitos desde la semana 8 que ceden con tratamiento médico. Hasta la fecha de parto múltiples visitas en urgencias por vómitos, dolor abdominal hipogástrico y pérdida de peso, con datos analíticos de colestasis e hipertransaminasemia y ecografía abdominal donde se aprecia engrosamiento antro-pilórico (Figura 1) con adenopatías, todo ello de probable etiología inflamatoria y aumento bilateral de ovarios (Figura 2) compatible con edema ovárico bilateral o luteomas secundarios a la gestación. Serología de virus hepatotropos negativa.
Antecedentes de dispepsia, dos gastroscopias previas en 2010 y 2014 con lesión submucosa antro-pilórica de 4mm sin otras alteraciones y erradicación de Helicobacter pylori.
Tras el parto los síntomas no remiten y desarrolla intolerancia a la ingesta. Se realiza endoscopia digestiva alta que objetiva lesión gástrica extensa de aspecto neoplásico, con biopsias de adenocarcinoma infiltrante de patrón difuso (células en anillo de sello) y TAC toraco-abdomino-pélvico que concluye tumor de Krukenberg con primario gástrico y metástasis ovárica bilateral con carcinomatosis peritoneal.
La paciente pasa a cargo de Oncología, recibiendo quimioterapia paliativa actualmente con segunda línea.
Discusión
El adenocarcinoma gástrico en su variante difusa tiene una edad media diagnóstica de 50 años y presenta un comportamiento clínico más agresivo que la variante intestinal (la más frecuente), mientras que las náuseas y vómitos se presentan en un 40-60% de las gestantes, la mayoría respondiendo bien a modificaciones de dieta y fármacos para alivio sintomático. Sólo un pequeño porcentaje (0,25%-0,5%) sufren una verdadera hiperemesis gravídica que no responde al tratamiento, y se caracteriza por una progresiva deshidratación, pérdida de peso y en algunos casos asocian hipertransaminasemia o colestasis.
No podemos olvidar que una mínima parte de casos responden a patología orgánica distinta y precisan de un adecuado diagnóstico diferencial, sobre todo aquellos con signos de gravedad y escasa respuesta al tratamiento.
Nuestra paciente presentaba criterios clínicos de hiperemesis gravídica y dificultó mucho el diagnóstico correcto que los síntomas de la neoplasia eran superponibles y se iniciaron durante la gestación. No obstante, el dolor hipogástrico y los hallazgos ecográficos pudieron habernos orientado a otras etiologías.



