CORRESPONDENCIA
Antonio Caballero Muñoz
Hospital Virgen de las Nieves
Avda. de las Fuerzas Armadas, 2
18014 Granada
Caso clínico
Se presenta el caso de un paciente de 51 años, sin antecedentes de interés y bebedor de unos 60 g de alcohol al día, que acude a urgencias por cuadro de dolor centrotorácico muy intenso no irradiado de dos horas de evolución tras ingesta de alcohol. Presenta importante sensación nauseosa pero no ha logrado vomitar. No ha presentado fiebre ni sensación distérmica. A su llegada presenta estabilidad hemodinámica. La exploración abdominal encuentra una defensa muscular voluntaria sin claros signos de irritación peritoneal. Se realiza un TC abdominal con contraste donde se objetivan signos de neumomediastino con engrosamiento y desestructuración de la pared del esófago distal sugerente de rotura espontánea esofágica (Figuras 1, 2 y 3). Conocido el resultado, se procede a ingreso para intervención quirúrgica urgente, donde se realiza esofaguectomía subtotal con esofagostomía cervical y colocación de sonda de yeyunostomía para alimentación, tras identificar perforación esofágica de unos 2 cm de longitud en esófago distal. Tras un postoperatorio clínicamente tórpido por un síndrome de deprivación alcohólica, el paciente evoluciona favorablemente y se procede al alta hospitalaria. Un mes después ingresa de forma programada para reconstrucción esofágica con plastia gástrica retroesternal.
El paciente no ha vuelto a presentar clínica relacionada en los siguientes cuatro años. Actualmente se encuentra en estudio por probable hepatopatía alcohólica crónica.
El síndrome de Boerhaave supone alrededor del 15% de roturas de esófago[1]. Este síndrome se asocia en ocasiones a esofagitis eosinofílica, esofagitis secundaria a medicación, esófago de Barrett o úlceras infecciosas[2]. El cuadro clínico suele desencadenarse tras un episodio de vómitos, sin embargo en este caso no llegó a producirse. Probablemente tanto las náuseas como el esfuerzo provocado por éstas produjeron el aumento de presión necesario para la rotura.
La mortalidad se encuentra entre el 16% y el 51%, sin embargo se llega al 70% de los casos si no se interviene a tiempo[3]. En caso de rotura mínima y estabilidad clínica se podrá comenzar tratamiento conservador; sin embargo la gran mayoría de los casos requerirá tratamiento quirúrgico[4]. Debido a la gravedad del cuadro, el diagnóstico y tratamiento tempranos se hacen fundamentales.




